sábado, 4 de febrero de 2017

Códigos bancarios y una historia de muerte





Justo hoy se me ocurre venir a sacar plata. ¿Vos podés creer? Hace como cincuenta grados a la sombra, más o menos. Pero necesitamos la plata. Sí, la necesitamos. Así que hay que bancarse lo que sea…pero una hora en la cola es excesivo. Esto ni se mueve. Parece que la gente está adherida al piso. Se derritieron y se pegaron a la vereda. Dejá de chillar, por favor. También podría haber venido él. No te metas con Horacio. Si no fuera por él… ¿Qué? Me vas a decir que él te cuida más que yo. No me hagas reír. Dale avanzá que ya nos toca. Un poquito más. No te rindas. No me rindo para nada. Somos fuertes. El aire libre nos hace bien. Somos fuertes. 

Listo. Me toca. ¡Por fin! Adentro hay aire acondicionado, está más fresco seguro. Sí. Me va a bañar ese aire fresco, seco y purificado. Como el de casa. Puro. Aunque…parece que el aire no funciona. ¡Qué calor que hace acá! ¿Y si mejor nos vamos? Por ahí nos enfermamos. Entrá y poné el código de una vez. No des vueltas. Poné el maldito pin y salgamos ya de acá

Debería limpiar las teclas… ¡Basta! Dale. No seas tarada

Como tarda en mostrar el saldo. ¿Se habrá trabado la tarjeta? Ahí aparece algo. En letras verdes. Pensé que eran grises. Pero bueno el verde es esperanza. Pero…estás loca. Si, estás re loca. No, no. Estamos compensadas. ¿Tomaste las pastillas hoy? No me acuerdo…sí, las tomé. Todas las mañanas las tomo: una roja y una celeste. Juntas, con mucha agua. Agua cristalina. Libre de gérmenes. Pura, de manantial como dice la botella. Yo no me equivoco, ya no me olvido más…ya no. Pero cómo se explica…

A ver…cancelá y poné la tarjeta de nuevo. Por ahí es un error. Vos me prohibiste cometer errores. Ya no lo hacemos más. ¿Está claro? Luego de aquello no hay errores. No me puedo equivocar porque todo tiene consecuencias. ¡Vos dijiste eso! Horacio también lo dijo. Calmate. ¡Dejá de divagar y no me grites que no soy Horacito! Vamos de nuevo. Poné la tarjeta en la ranura. Me pide el código…1547. Aceptada. Bien. Este lugar de mierda. Me falta el aire. Mejor me voy a casa, vuelvo mañana. No, necesito plata. Intentemos de nuevo. Pero no…otra vez lo mismo. ¡Estás loca! ¡Estoy loca! No puede ser. El aire está rancio ¿o me parece a mí? Se supone que estos lugares son seguros. No como antes que la gente se moría acá porque les pegaban un tiro por la plata. ¡Estamos en el 2038! Se supone que avanzamos. Yo no, pero la sociedad se supone que si. Pero estos vidrios antibalas son tan herméticos y el aire no funciona. Bacterias y dióxido de carbono por todos lados. Siento que las palpitaciones aparecen…me voy a desmayar. Estoy casi segura… ¡Que hipocondríaca, por favor! Me siento mal de verdad. Si me caigo y me muero nadie me va apoder sacar. Solo los de la brigada especial, por ahí. ¡Basta! No seas boluda. Dale. Y esta mina que nos mira. Inventale algo, mierda. “Señora…esto va a demorar un poco así que…” Y se queda nomás.  Vieja trastornada. Porque no se va al caraj…. Una vez más. Código: 1547. Bien…no, no, no. ¡No  puede ser! ¿Qué significa eso? ¿Quien le dijo? ¿Y si le pregunto a la señora? Me va a creer loca…pero ¡estamos locas! ¡No! No estamos nada. Ese mensaje es para nosotras, para mí. “No fuiste vos”, dice. Y si yo no fui… ¿quien fue? 

Dale, salgamos de acá. “Pase señora. Para mi que anda mal ese cajero”. No seas tan amable boluda. Siempre queriendo caerle bien a todos. Pero es primero de enero…al menos hoy debería ser amable. Aunque me miró con esa cara de traste. ¡No te desenfoques! Acordate del mensaje…ese mensaje era para vos. La vieja no ve nada. Mirá como saca plata asique o estamos locas o el mensaje es para vos. ¿Por qué para mí sola? ¿No fuiste vos la culpable de todo? Las manos llenas de sangre ¿no eran tuyas? Por eso estamos medicadas, es tu culpa. El mensaje es para vos en todo caso. No para mí

Estás muy equivocada. No creo que sea para mí…¡No importa! Lo que importa es el sentido. ¡Vos o yo es lo mismo! No fuimos nosotras. Nosotras no somos responsables. ¿Entendés lo que eso significa?
Vamos a casa. Vamos…a…no fuimos nosotras. Vamos. Apurate. Apura el paso. Se hace tarde. Para pensar se hace tarde. Se nos hizo tarde desde aquel día. Siempre solas. Abandonadas por ese incidente. Nadie nos creyó. Nadie y pagamos las consecuencias de ese minuto de oscuridad, de amnesia y sangre. No fuimos nosotras. Apurate. Dale

“Horacio, ¿Dónde estás amor?” No te apures. Míralo a los ojos. Leelo. Agudizá tus sentidos. Fijate como reacciona. “Horacio, vení”. ¿Dónde está? Se enteró. Sabe que sabemos. No, no lo sabe. El mensaje fue para nosotras. No, fue para vos. Para mí no decía nada. No seas estúpida, fue para las dos. Él nos mintió todo este tiempo. Él nos forzó a tomar los remedios de mierda. La pastilla celeste, la roja, el agua cristalina. Él y solo él fue. Ahora lo sabemos. Ahora debemos hacer algo

No sé…yo…aun lo amo… No seas dominada. Te digo que fue él. Él nos hizo esto. Ahí está con esa cara de pelotudo. Seguro que sabe algo. Mirá cómo se refriega las manos. Sabe todo. Siempre supo. Dejame a mí. Yo resuelvo esto. ¿Dónde guardamos el revólver del abuelo? Ahí en el cajoncito. ¿Qué vas a hacer? No te preocupes, yo me encargo. ¡No! Yo me encargo como me encargué siempre de todo porque sos débil, sos una malcriada que nunca pudo hacer nada sola. Dejá. No puedo ver… Entonces ándate y seguí evadiendo la realidad como siempre. No. Ya no quiero ser así. Porque no fuimos nosotras las que matamos a mamá. Entonces tomá coraje y enfrentá tu destino

“Perdoname Horacio…pero ya sabemos todo”. Disparale ahora, yo me encargo del cuerpo

Autor: Soledad Fernández (Misceláneas) – Todos los derechos reservados 2017

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